miércoles, 4 de agosto de 2010

La pensión donde nos alojamos

La pensión donde nos alojamos no está nada mal, lo primero que me gustó fue su nombre: Pensión Lolita. Nos han dado una habitación con dos camas un bidet y un balcón, donde hemos instalado al colorín como si de un príncipe se tratase y donde El Pajarillo me obliga a dejar mis bambas. Creo que las voy a tirar aprovechando que tenemos guita y me voy a comprar unos zapatos decentes de esos con tacón cubano. La hija de la dueña está todo el día escuchando las rumbas de Estopa con su radiocasette, a un volumen atronador. Me las estoy aprendiendo de tanto sentirlas. Nunca me había fijado en esas letras que son más transcendentes que el mismo Vivaldi.

Nos hemos hecho amigos del camarero del Waykiki, un bar que tenemos en la esquina más próxima a nuestra pensión, es un tipo de mediana estatura, delgado, rubicundo, ojos azul intenso, con los antebrazos tatuados, acento sevillano y que dice que se llama Ángelo. Todo un profesional de la hostelería, curtido en mil batallas y al que le salieron los dientes sirviendo cañas. Lo que más me guata de él es su marcada generosidad sirviendo cubalibres. Nos ha dicho que también se aloja en misma pensión que nosostros, aunque todavía no lo hemos visto por allí...

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