Al poco rato empezaron a entrar parroquianos entusiastas con sus jaulas empañoladas y sus presos campeones dispuestos para el evento.
Aprovechando que el bar empezaba a llenarse le Guiñé un ojo a mi socio y le propuse echar unos pulsos para pasar el rato. Uno tras otro, misteriosamente le fui venciendo. Un payo entendido que había por allí se aproximó y me propuso hechar uno, y aunque me empleé a fondo, me venció con facilidad. El payo retó a alguno más, teniendo una suerte dispar. Al final fue vencido por otro parroquiano fornido que lucía en su cuello y de forma ostentosa un cordón de oro que parecía una cuerda de atar barcos.
Instantes después, estaba todo dispuesto para el concurso y fueron llamados los propietarios de los pajarillos para que dejasen sus jaulas preparadas para la competición. Una hembra actuaba de cebo y el ganador era el que finalmente se quedaba sólo cantando y disputándosela. Las competiciones "pajariles" son una tomadura de pelo en toda regla al género masculino, aunque reflexionando friamente, los humanos no semos mu diferentes.
El colorín fue vencido con facilidad, por la mayoría de competidores y finalmente ganó un verderón que parecía Plácido Domingo en versión pajaril. Mi socio me dijo que era porque el colorín "estaba pelechando" pero que era un campeón.
Después de la entrega de premios le pasé bajo mano el submariner a mi socio y le propuse al del cordón de oro jugarme el colorín con él por 100 euretes en un pulso, me miró como mira un dobermán a un gato y me dijo quel colorín ese no valía ni cincuenta. Le dije que era bueno pero que estaba pelechando y como el que no quiere la cosa se sacó la cartera del bolsillo posterior del pantalón y urgando en ella con hábil desenvoltura sacó dos billetes de cincuenta. Le dije que eligiera el lugar y se aproximó a la mesa más cercana, le acompañé y pusimos sobre el otro lado de la mesa el colorín de mi socio y los cien euretes y nos dispusimos a batirnos con un pulso. La gente empezó a agolparse alrededor para presenciar el combate y como no podía ser de otra manera, picó el anzuelo y me venció con una rapidez increible. Se levantó inmediatamente con una sonrisa de oreja a oreja cogiendo con sus manazas su recompensa. Fue entonces cuando el pajarillo sacó con rapidez el Submariner de su bolsillo y enseñándoselo le dijo. Me lo juego contigo por tu cordón de oro más 300 napos. El palurdón tensando su poderoso cuello cogió con sus manazas el Submariner y empezó a examinarlo, como si supiera lo que tenía entre sus manos...
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