Estamos colgados en un área de servicio, después de perder el autocar que nos llevaba a Lloret de Mar. Estando en el bar llegó un payo con una jaula tapada con un pañuelo y el pajarillo no pudo resistir la tentación de acercarse y entablar conversación. No hace falta decir el porqué de su mote, está pirao por los pajarillos de cante.
Después de tomarme cuatro cubatas el pajarillo aun seguía con su cocacola, pegando la hebra con el payo de la jaula, que deboraba un bocata de jamón de pata negra. Una hora después, por el rabillo del ojo vi que ya se había ido y el pajarillo tenía en su posesión la jaula. Fue entonces cuando se me acercó el camarero con la cuenta y me dejó anonadao:¡120 euracos! , por cinco cubatas la cocacola del pajarillo y media botella de Rioja un bocata de jamón del bueno, café copa y puro del payo. Sin entender nada me acerqué al pajarillo y entonces me lo dijo, le había comprado el colorín al payo por los cuatrocientos lereles que le levantamos a los mozos navarros y también le había regalado el almuerzo. La cuestión es que sólo teníamos cuatrocientos.
Estoy un poco borracho, mientras estamos siendo custodiados en un area de servicio de los Monegros, por un segurata cejijunto con cara de pocos amigos y en espera de que venga una pareja de la Guardia Civil para solucionar este asunto. Tengo justo delante una columna forrada de espejos en la que se nos ve estupidamente contentos y muy sucios con nuestras camisetas de Cardeñosa del Betis y de Villa de la selección, mi socio con una jaula tapada con un pañuelo y yo tocado con un sombreo mejicano.
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